Respiro.
Una mano dibuja ondas sobre mi piel, sin tocarme.
Hondo.
Como mis ojos buscando el fondo del mar, que parece lejano aunque sé que está cerca.
Suspiro.
Una boca conversa rondando mi oído, sin hablar.
Liviano.
Como mi cuerpo bajo el agua que en la arena, es transparente;
enfurecida, blanca y desde el cielo, azul.
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Un mar de sentimientos como decia aquella canción, eso es lo que muchas veces guardamos en el corazón, es cuestión de permitirnos de vez en vez dejarnos flotar en él para lograr encontrar alegría y tranquilidad, y aunque, como todo mar a veces tiende a ser inestable y hasta tormentoso, no existe tempestad que dure cien años.
Un saludo desde http://lunare.wordpress.com/ ojala pueda pasar a dejar un comentario en mi blog, gracias de antemano.