En la mirada del mudo se esconde el secreto del momento exacto en que la vida elige parar; justo cuando el Jazmín, cansado de verla pasar, decide sentirse humano y soltándose de la rama, cae hasta el suelo de la esquina entre Santa Isabel y Aljovín.
El mudo.
La blancura del jazmín opacó sus ganas de hablar y en su lugar, aparecieron nuevos e intensos deseos de grabar, en algún lugar seguro y muy oculto de su mente, la belleza de la entrega observada.
Sus ojos han conseguido notar el tiempo mágico en que el aire protagoniza la hazaña.
Ha detectado el instante:
La tierra excitada esperando a la flor, el movimiento gracioso y errante de ésta y la luz comprendiendo al fin, lo imprevisible del viento.
Ni siquiera el perfume de la calle agradecida era capaz de emocionarlo tanto como lo había hecho esa imagen.
El mudo y el jazmin: la poderosa capacidad del ser y lo inestable de la vida, unidos en uno de los pocos momentos en los que el deseo insatisfecho es superado por la perfección inmóvil de una flor a punto de morir.