No te conozco

Drogada y desesperada me decido a soltarlo todo. No espero la comprensión ni que comparta mis frases. No espero compasión, intriga o burla.

“En tu mirada transatlántica encuentro la inspiración para poder explicarte, de la manera más clara, de la forma más precisa, lo que rellena los huecos de mi cerebro latente y mi alma expectante. El mes tres del año quinto de nuestra generación, empezó sin yo saber, la historia que hoy cuento, que no intento que adoptes ni que respetes siquiera.

Es una buena manera, decirte para empezar, que de ti no espero nada: ni el lago post nupcial ni una bonita sonrisa… me pierden las formas con todo, menos contigo.
El alcance de mi voz se hace aun más pequeño. No son balas de guerra ni explosión de guerrillas. Los sonidos de este mundo estropeado se mezclan con los míos y nunca llegan; como no llegan las cartas al tercer mundo azul donde estás. Un día más sin saberte es una madrugada de cielo estrellado donde no distingo el brillo por culpa de la polución”.

Eres duro y tierno, fresco y cálido, paciente y explosivo, porque no te conozco. Las manzanas amarillas son tan distintas a mi recuerdo… Yo te recuerdo. Vienes, te vas. Vienes, te vas.
Vienes, te vas. Pero nunca desapareces.

 

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Insomnio

Conseguir pasar de largo ante estos pensamientos, obviarlos y tacharlos de faltos de consistencia, separarlos del camino por ser falsos e insensatos.

O simplemente ignorarlos, es tarea difícil. No sé si estoy confundida o equivocada, no reconozco un error, no soy capaz de parar. Días con noches largas fluyendo entre el éxtasis y la culpa.

Por momentos real y luego vuelvo a la tierra, arropada por sábanas de invierno entre las que me siento fría y desterrada.

Ocupante de lugares falsos donde estoy sola, justo cuando se me acaba la ilusión y puedo dormir tranquila.

Sylvia Plath

 

 Cierro los ojos y el mundo muere; 
Levanto los párpados y nace todo nuevamente. 
(Creo que te inventé en mi mente). Las estrellas salen valseando en azul y rojo, 
Sin sentir galopa la negrura: 
Cierro los ojos y el mundo muere. Soñé que me hechizabas en la cama 
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente. 
(Creo que te inventé en mi mente). Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan: 
Escapan serafines y soldados de satán: 
Cierro los ojos y el mundo muere. Imaginé que volverías como dijiste, 
Pero crecí y olvidé tu nombre
(Creo que te inventé en mi mente).Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti; 
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente. 
Cierro los ojos y el mundo muere. 
(Creo que te inventé en mi mente)

 

           Canción de amor de la joven loca

Una y mil veces en mi

Dos grados calientan mi casa, me despierto antes de tiempo y recuerdo la pesadilla.

Me desorientan las voces que contienen tus palabras, repitiéndose a todas horas.

A pesar de que no hay ruido, está todo desordenado.

Me despierto antes de tiempo e imagino la escena: la caótica ciudad, llena de gente sin nombre, se alza con edificios. Todo es sucio y nada encaja. Todos cruzan avenidas a la vez, todos llaman la atención con sus bocinas y yo no escucho nada.

Soy una continua creación de imágenes insonoras.

Tus voces me nublan y me transtornan, me despiertan antes de tiempo y me vuelven susceptible. Solo vuelves de vez en cuando y lo poco que me dices retumba dulce y ronco, una y mil veces en mí.

 

03/02/09

Nada que hacer

 

No fui consciente hasta hoy de las dificultades a las que me enfrento. Antes tampoco era consciente de la relatividad de esas dificultades. El amor dejó de ser suficiente, las distancias en mi vida se engrandecen mes a mes, retando a la globalización del mundo.
Mis días, llenos de profundas paradojas, se vuelven vacíos y faltos de sentido:
Miro al pasado con nostalgia y con ansias el futuro; ese futuro incierto donde no me puedo ver, donde no sé mi lugar. El fin o el principio del fin llegó o está por llegar –la lentitud es la actriz principal en todos los procesos de mi destino-. Me vuelvo impaciente, lo deseo todo.
No hay nada que pueda hacer para cambiarlo, tampoco hay nada que sepa que debo hacer; como pisar a fondo el acelerador y creer que llegaré pronto sin ver que voy montada en un coche sin motor.
Del ayer, las cenizas; ave fénix que no sabe a donde va. Mis pasos vagos. Mi insomnio feliz. La compañía imparable de ensoñaciones y mi falta de realidad.
Vivo flotando en un lugar muy conocido que me empieza a parecer extraño, me alejo del suelo por momentos y no me gusta cuando vuelvo. Desde arriba veo al resto, habitantes de ciudades deformes, experimentando sensaciones finitas.
Me vuelvo crítica (de arte, de cine, de fútbol, de vidas) Envidio y siento lástima. Floto para salir de la irrompible cubierta donde vivo, transparente pero opaca y condenada por el tiempo. Falta de control y con reducciones periódicas de esperanza.

Entre los renglones donde escribo mi causa, se relata la vida de quien es la mía. Yo, la única que extraña lo irreal, la mayor creadora de falsas ilusiones. Viviendo convencida y convenciéndose de que tarde o temprano, serán realidad.

 

 

La guerra

Intensa búsqueda de comprensión. Mirar y observar: a mi derecha, izquierda y mi lugar. La incontenible repugnancia a la mentira me afecta como un misil y sobrepasa mi resistencia. Herida por dentro y fuera resulta difícil entenderlo; si todo tiene un motivo ¿por qué es éste desconocido?.

Si en la tierra no hay razón y solo encuentro raíces, ¿cuándo podré tenderme en ella a parar de buscar verdades?

Que venga el valiente a explicarme los motivos para comprender. Valiente el que sabe que, lo que sigue a sus palabras son piedras surcando el aire que buscan hacerle daño.

Los motivos inconfundibles que señalizan el camino a la autodestrucción son signos que parecen invisibles porque nadie los quiere ver.Las lágrimas inútiles de los pueblos, recorren mi pensamiento como si yo supiera la solución.

Mi corazón no comprende aunque quiere comprender.

El grito de libertad se pone en cuestión, las voces se dispersan y así no las puedo oír. En mi tiempo no conozco unidad. En mi tiempo la ciudad es cárcel y fuera arden pañuelos con estampas que recuerdan causas perdidas.

 

Tan triste como ver niños mutilados en plena guerra, es ver creaciones humanas derruidas reflejándose en sus caras, que ya no tienen nada y no saben qué esperar. Gran parte del mundo llora y yo no puedo dormir.

Arte poética

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges.

 

 

Sueños

 

Desde que volvi a España tengo sueños raros. Supongo que la cantidad de tiempo libre que tengo me relaja el pensamiento y cuando duermo, consigo imaginar situaciones que jamás se me ocurrirían estando despierta.

El otro día soñé que asaltaba una tienda de ropa de bebés con mi amiga Frescia. La animaba a robar aunque ella no quería hacerlo. Mi intención parecia estar sustentada en un próximo desenlace terrible que convertiría en insustancial todo lo anterior: una bomba, un terremoto u otra catástrofe terrible. Pronto algo volvería natural lo desconocido.

Tras el robo, conseguía escapar montada en una moto para 3; me colocaba detrás del desconocido conductor y volteaba para saludar a la tercera persona. Una chica rubia sonriente me decía “hola, soy Amanda”.

 Yo soy Daniela, encantada de conocerte. Arranca”.

 He conseguido recordar al despertar, mi reflejo en sus ojos, mi alegría hecha persona en una amplia sonrisa. Sincera, sin murallas de por medio. Derepente la velocidad convertía el aire sucio de la ciudad en brisa, mientras metía las manos debajo de su camiseta azul y pensaba una y otra vez en lo suave que era esa piel. Le reconocí al tacto. Me sentía escapar, con el hombre y Amanda, mientras íbamos dejando atrás las carreteras abiertas, los edificios caídos y los cadáveres de pieles rojas.

En cambio anoche, no hubo sensación de alivio. Nada parecido a la amabilidad o a la dicha. Una pesadilla sin comienzo, donde recuerdo verme de pie en medio de la avenida Aviación, cerca de mi casa en Lima. Absorbiendo la polución que odio pero que estoy dispuesta a adoptar en mis ya no tan rosados pulmones. Me encontraba perdida, no sabía a quién buscaba ni hacia dónde debía caminar. Muchos coches, mucha gente. Llegaba sin saber cómo a un departamento con vistas a una gran carretera, el asfalto movedizo de mi ciudad natal. Volví la vista al interior para descubrirme pisando cuyes y ratas vivos y muertos, que yacían esparcidos a su gusto por toda la habitación. La escena se repetía por toda la casa, abierta y sin ventanas. Sin gente dentro que me explicara.

Desde niña he sentido una fuerte repulsión por los roedores.

 

Me he enterado que las ratas y ratones en los sueños representan las preocupaciones, las obsesiones que no nos dejan vivir y que aparecen sin preguntar causando problemas y dolor. Pienso que esos animales son el reflejo de mis conflictos, que colman la totalidad de mi casa, que es mi vida. Una casa abierta, porque quiero escapar.

Mi casa está vacía, no hay gente dentro, nadie me puede dar soluciones para esa plaga. En esa casa no habían ventanas ni adornos. Solo paredes blancas.

 

Mi actualidad es una casa alta desde donde solo veo gente que pasa a mucha velocidad y eventualmente se atasca, renegando y haciendo ruido con sus máquinas. Mi vida está tan podrida que ya no alberga nada bello; pero sus paredes son claras y queda aire para respirar. Los cuyes y las ratas van muriendo, poco a poco. No los echo todavía, quiero esperar a verlos todos muertos para lanzarlos a la carretera de la gente rápida. Cuando pueda hacerlo, limpiaré el suelo donde antes solo había mierda y pondré ventanas y cuadros, para disfrutar en silencio del viento suave que inunda mi alma todo el tiempo… incluso cuando vivo rodeada de roedores.

 

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