Parálisis

Siento la tensión invadir mi cuerpo, recorrerme por dentro, decidiendo por mi.
Siento la mente pálida y la piel de escarcha, como los vidrios al amanecer, tras el frío invierno de Madrid.
Siento cada momento como si fuera una noche helada, larga y amenazante, pero callada.

Hoy soy el hielo pegado en el cristal.
Hoy soy el agua hecho fuerza.
Hoy soy la fuerza hecha inútil.

Siento la vida cansada de vivir. Siento las calles cansadas de esperar. Siento el profundo deseo de romper cada desecho de frío en mi.

Hoy soy el hielo pegado en el cristal.
Hoy soy el agua hecho calor.
Hoy soy el calor hecho luz.

El sufrimiento ignorado que acabó paralizando la vida, como un golpe de verdad que obliga a reconocer, volviendo la vista atrás, que justo antes de andar, hay que aprender a sufrir.

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El vestido de la viajera

Las voces del vestidor se volvieron rosas, resaltando el tono chocolate de sus mangas.
Los sonidos del baúl donde guardó cada pedazo de tierra (extraño desecho de cielo en la llanura) y cada recuerdo de un viaje interminable lleno de colores que a veces se tornan sepia y otras, aparentan ser como ella: una aventura infinita sin lugar de residencia.

La reflexión es la única vía hacia el equilibrio

Últimamente he experimentado algunas sensaciones físicas que me han llevado a temer de una manera real y angustiante por mi vida.

Todo esto me ha hecho pensar mucho sobre lo frugal de mi existencia, sobre la muerte, la post muerte, lo que importa y lo que no.
Al principio estuve pensando y casi torturándome, por algunas cosas que hice o no hice, por no haber vivido con más coraje o más paciencia, por no haberme esforzado por sentirlo todo con la mayor potencia o por no haber dicho y hecho lo que en cierto momento creí que debía.

Tras esa primera etapa rescaté una conclusión: el único error ha sido no haber cerrado los ojos las suficientes veces estando despierta y es ahora cuando esos pequeños detalles se vuelven importantes y todo lo que me irrita y me impide sentir paz, empieza a hacerse notar para al fin poder ser comprendido y alejado.

Creo que estos pensamientos deben de ser los que continuamente tienen aquellas personas que ven la muerte más cerca. Los abuelos, los enfermos terminales… No soy ninguna de las dos cosas, pero sé, como saben todos, que más tarde o más temprano, el momento de decir adiós o de empezar la despedida, va a llegar y quiero estar preparada desde ahora, que he tenido la oportunidad de reflexionar sobre ello, una vez más, pero con menos miedo y mucha más lealtad a mis pensamientos.

Escribir sobre la vida no es fácil, no es algo que uno haga a diario… pero hay algunas cosas que deben quedar grabadas desde el principio, así que ahí dejo mis 4 primeras ideas.

Para empezar, pienso que la verdadera unión con los demás y el mundo son los límites. Lo interesante de conocer los límites de la vida y las demás vidas, es que si extrapolas ese saber a todos los niveles de las experiencias, puedes aprender a aceptar, profunda y sinceramente. Los límites, por cierto, no son ni serán nunca, al menos para mi, sinónimos de cierre o de fin, sino todo lo contrario. Para algunos puede ser más simple pensar en etapas.

La vida es una suma de situaciones inesperadas. Esta es la segunda idea. Sentir la sorpresa de la vida es estar vivo, sin ello no hay casi nada. A veces hay que esforzarse un poco por sorprenderse, es cierto. La vida puede hacerse monótona, puede venir complicada o llena de dolor, pero es la actitud ante la vida la que debe de ser fruto de un ejercicio de auto sorpresa, sea cual sea la situación.
Esto tiene mucha relación con los detalles y la buena costumbre de prestar atención.

Tres. Algo que también he estado pensando es que debo ser muy consciente de lo que hago, consciente de saber vivir, de estar viviendo como quiero vivir, consciente de amarme, consciente de amar lo que configura mi vida, consciente de aprender lo que quiero aprender, de reir tanto como quiero reir, consciente de lo que digo, consciente de lo que hago, consciente de mis errores y de mis aciertos.
Ser consciente de que estoy viva, ¡tener claro que estoy aquí!
Aquí y ahora, como debe ser, porque ES… y agradecer por todo eso. Agradecer, sin necesidad de saber a quién.

La cuarta idea de esta noche de resumen de mis reflexiones: estar muy unida a mis sentimientos y nunca temerles. Las personas creamos tantos códigos que nos pasamos el tiempo aprendiéndolos y poniéndolos en práctica, aprender y ensayar, aprender y ensayar, olvidando que hay muchas cosas que los sobrepasan y que también merecen ser visibles y respetados y aprendidos y puestos en práctica.
Lo que soy en esencia. Lo que no tiene forma.

No se cuánto tiempo estaré aquí para contar todo lo que pienso, para amarlo todo, sentirlo todo… pero me basta con saber que no hay nada mejor que estar aquí, no hay nada más maravilloso que lo que tengo ahora, incluso lo que me hace sufrir es perfecto, porque forma parte de mi vida.
Mi vida, lo único que importa de verdad.